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Numerosas muestras arquitectónicas de valor pueblan la geografía del concello. Cada una de las siete parroquias tiene edificaciones de gran valor y antigüedad. La capital del concello, O Mosteiro, recibe su nombre de un antiguo monasterio del que se conserva la capilla de Sta. María (de 1150, según reza una inscripción). Son también del siglo XII las iglesias de San Martiño y de San Salvador de Meis. Esta última conserva la portada y los muros originales y unos relieves góticos en el muro del atrio. La iglesia de Paradela presenta un destacable ábside románico. En San Tomé podemos apreciar unas pinturas del XVI en el que trata, entre otros temas, la Anunciación. Resultan de interés S. Lourenzo y S. Vicente (con un poco común retablo de piedra, al igual que A Arrnenteira). Armenteira, la leyenda del tiempo detenidoTras una larga historia de combate en la reconquista, el noble don Ero se retiró como abad a un monasterio fundado por él en sus posesiones en las laderas del Monte Castrove. Cuenta la leyenda que rezando en el bosque vecino, quedó absorto con el canto de un pájaro. Al callar el ave y volver al monasterio, quedó sorprendido al encontrarlo cambiado, habitado por monjes desconocidos. Habían transcurrido trescientos años desde su salida y desaparición. Desde entonces fue conocido como San Ero, despertando la imagen que le representa en la iglesia del monasterio una gran veneración popular. La iglesia, románica del siglo XII, es muy sobria, como corresponde a las de estilo cisterciense, destacando las arquivoltas del pórtico, con seis pares de columnas y el rosetón de inspiración gótica. El claustro, muy posterior, ya fue construido en el siglo XVIII. Aquí se celebra la Romería de las Cabezas, así denominada por los exvotos de los ofrecidos a Nuestra Señora de las Cabezas. El monasterio posee una hospedería recientemente inaugurada, en la que podemos disfrutar la paz del lugar siguiendo el ritmo de la vida del monasterio. Petroglifos, la huella del pasado - Petroglifo "Pedra do Cribo"
En el lugar de Outeiro do Cribo en la línea de cumbres del Macizo de O Castrove, cerca de A Armenteira podemos apreciar un importante ejemplo de estas insculturas en piedra de é poca prehistórica que abundan particularmente en el entorno de las Rías Baixas.
Caballos, ciervos y un laberinto adornan este petroglifo que se encuentra situado en las inmediaciones del mirador de Monte Castrove. El más antiguo de los tres grabados es el de los ciervos que se adivinan debajo de la figura laberíntica, que se han fechado entre el 1500 y el 1000 AC. Los caballos (siglo VI AC.) son, en realidad, una escena de equitación en la que se diferencian perfectamente las piernas del jinete, detalle desconocido en este tipo de grabados.
El último símbolo, que da nombre a la piedra, es el laberinto (que los lugareños llamaron Cribo por su parecido a un cedazo) que, junto al de Mogor (Marín) es el único que se ha encontrado en Galicia.
El primer milenio antes de Cristo es la fecha en la que se data esta figura, cuyo dibujo se cree que procede de Mesopotamia y que sólo se ha encontrado en zonas de influencia mediterránea. Su forma circular y los ciervos recuerdan la cultura de adoración al sol.

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